La oración

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Un fruto de la caridad en la comunidad es la oración en común. Dice Jesús: “Si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la tierra para pedir algo, se lo dará mi Padre que está en el cielo. Porque donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos”.

La oración personal es ciertamente importante, es más, indispensable, pero el Señor asegura su presencia a la comunidad que incluso siendo muy pequeña, es unida y unánime, porque ella refleja la realidad misma de Dios uno y trino, perfecta comunión de amor. Dice Orígenes que “debemos ejercitarnos en esta sinfonía”, es decir en esta concordia dentro de la comunidad cristiana. Debemos ejercitarnos tanto en la corrección fraterna, que requiere mucha humildad y sencillez de corazón, como en la oración, para que suba a Dios desde una comunidad verdaderamente unida en Cristo. (Benedicto XVI, 4 de septiembre de 2011)

“Señor, te pido que al corregir, procure usar una gran bondad, mansedumbre, miramiento y un hondo sentido de la justicia y equidad. Y cuando sea corregida, no me rebele ni tome a mal la corrección, sino con buen ánimo, con humildad y sencillez, lo acepte según tus palabras: “Hijo mío, no menosprecies la corrección del Señor y no te abatas cuando seas por Él reprendido; porque el Señor reprende a los que ama”. Jesús mío, ayúdame a ser humilde, a no juzgar y menos a condenar…”