La humildad

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La Humildad

Jesús nos enseña con su ejemplo y sus palabras a escoger el último lugar. A tratar de contentar a los demás más que a nosotros mismos; a ser modestos a la hora de evaluar nuestros méritos, dejar que sean los demás quienes los reconozcan y no nosotros. De esta manera Dios nos exaltará con su gracia, nos hará subir en la jerarquía de sus amigos y de los verdaderos discípulos de Jesús.

Es un hecho sorprendente, pero verdadero. No sólo Dios se inclina ante el humilde y rechaza al soberbio; también el hombre hace lo mismo, independientemente del hecho de ser creyente o no. La modestia, cuando es sincera, no artificial, conquista, hace que la persona sea amada, que su compañía y opinión sea deseada. La verdadera gloria huye de quien la persigue y persigue a quien la huye.
Vivimos en una sociedad que tiene suma necesidad de volver a escuchar este mensaje evangélico sobre la humildad. Correr a ocupar los primeros lugares, quizá pisoteando, sin escrúpulos, la cabeza de los demás, son características despreciadas por todos y, por desgracia, seguidas por todos. El Evangelio tiene un impacto social, incluso cuando habla de humildad y modestia. (Editado de Religión en Libertad, de Raniero Cantalamessa).

Señor Jesús, que acepte gustosa y humildemente, que he sido creada y amada para servir. Señor, tú nos predicaste con el ejemplo; ayúdame que eres misericordia infinita, dame fuerzas para seguir tu ejemplo”.