La esperanza es esa chispa que nos ayuda a seguir

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Cuando sientes que ya no tienes fuerzas para continuar luchando, cuando todo parece imposible de resolver, cuando las puertas parecen estar absolutamente cerradas, cuando has recibido malas noticias sobre algo o cuando algo por lo que te has esforzado sale mal, la esperanza es ese motor que te ayuda a seguir adelante y levanta tu mirada hacia algo mejor.

Quizás has estado esperando mucho tiempo por algo que todavía no llega y en ocasiones piensas que nunca llegará. O has orado para que algo suceda y aún no ha pasado nada. Aparentemente todo está inmóvil, sin cambio alguno, pero todo lleva su tiempo. Las cosas que más anhelamos suelen tardar en llegar pero, al final, casi siempre entendemos el porqué de dicha tardanza.

El propósito de las cosas a veces no es evidente ni inmediato sino que se revela con el tiempo. Aquellos que no se dan por vencidos suelen encontrar una respuesta satisfactoria para todo. “También sabemos que Dios dispone todas las cosas para bien de los que lo aman, a quienes él ha escogido y llamado” (Romanos 8:28). Cuando todo parece ser adverso y sin posible solución, es humano sentirnos desanimados, sin embargo, en nosotros existe una convicción mucho más profunda acerca del sentido de la adversidad.

Detrás de toda conquista, prevalece el sentido de la misma; antes de la consecución del éxito, hay un tiempo de trabajo, espera, esfuerzo, fe, dedicación. En el camino hay obstáculos, motivaciones, complicaciones y también elementos para continuar luchando. “Nos sobrevienen pruebas de toda clase, pero no nos desanimamos; estamos entre problemas, pero no desesperados; somos perseguidos, pero no eliminados; derribados, pero no fuera de combate” (2 Corintios 4:8 y 9).

La esperanza va unida a la fe de manera irremediable. Pero cuando la fe parece flaquear ante las circunstancias de la vida, la esperanza nos saca a flote de manera prodigiosa. Si no nos rendimos, si permanecemos quietos, expectantes, firmes y tranquilos, la esperanza aparece como una luz que nos alumbra y nos da la fuerza para permanecer, mientras viene la recompensa o la respuesta.

Claudicar es ese espacio en el que la esperanza se desvanece y la oscuridad nos devora. Antes de apagar la luz y derrumbarnos, la esperanza puede devolvernos la fuerza y el ánimo necesarios para continuar creyendo, es decir, para mantener la fe en aquello que está por venir. Aunque a veces la respuesta es un no, la esperanza puede otorgarnos una nueva perspectiva. No siempre obtenemos lo que deseamos o esperamos, pero comprender el sentido de las cosas nos da esperanza y nos da la oportunidad de contemplar nuevos anhelos.

Por eso, aunque todo parezca no tener solución, aunque no encuentres la respuesta, mantén la esperanza. Pronto aquello que esperabas vendrá a tu vida, o sabrás el sentido de lo que nunca llegó. No lo olvides, la esperanza te fortalece.