El trabajo que dignifica al ser humano

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En agosto del año en curso, el Papa Francisco mencionó que los seres humanos no deben ser “esclavos del trabajo, sino señores”, y también aseguró que la esclavitud laboral “va en contra de Dios y en contra de la dignidad humana”.

Dios otorgó al hombre la tarea de enseñorearse de todo lo que había creado, así como de darle nombre a todas las cosas. Ser el señor de todo lo que le rodea es un lugar de dignidad que Dios dio al ser humano; es una posición privilegiada frente a la Creación.

Sin embargo, el abuso de unos contra otros ha dado por resultado la degradación del trabajo y la explotación de muchas personas, incluyendo a mujeres y niños.

Según el periódico digital Capital México, en su portal del 14 de octubre del año en curso: http://www.capitalmexico.com.mx/index.php/reportajes-detalle/70854-vigente-explotacion-laboral-infantil, “de los más de 40 millones de menores de edad que hay en México, se estima que entre 2.5 millones y 10 millones laboran en el país en condiciones infrahumanas, sin prestaciones y sin respeto a su integridad física y mental.

Esto contradice el plan inicial de Dios, y es una triste realidad hoy en día. La injusticia social empuja a las personas a someterse a muchos abusos. Por otra parte, la necesidad extrema de muchas familias mexicanas, en regiones apartadas de las grandes ciudades o, incluso dentro de éstas, provoca que muchos padres envíen a sus hijos a las calles para buscar el sustento a como dé lugar. Los niños no tienen otra opción ni reciben la oportunidad de ir a la escuela para superar la pobreza.

El fin genuino del trabajo era que el hombre pudiera sentirse cómodo y satisfecho con todo lo que fue dispuesto para él, y que tuviera una ocupación digna, así como la posición de “señor” de lo que le rodeaba, administrador de cuanto había a su alrededor. Pero muy pronto la esclavitud fue inventada por el mismo ser humano, quien perdió la orientación de lo que le fue puesto en las manos.

El trabajo no debe ser conducto de maltrato y denigración para nadie. El hombre debe sentirse útil, dueño de una labor a través de la cual gana su sustento con dignidad, y también satisfecho por el resultado de su esfuerzo. Han sido los malos gobiernos, la corrupción moral y social, las estructuras económicas fallidas, lo que ha generado desventajas, injusticias salvajes y abusos inconcebibles a lo largo de la historia.

Hoy debemos reflexionar acerca de esta situación tan triste y desalentadora, como es la trata de personas para explotación laboral; es necesario volver al inicio en el que Dios estableció un plan perfecto para privilegiar a sus criaturas. Posiblemente no podamos detener esta vorágine en la que se desarrollan tantos abusos contra la dignidad y la integridad de las personas, pero sí podemos comenzar a recuperar los principios básicos de algunos conceptos que hoy en día están completamente perdidos o disminuidos.

El trabajo es un medio de sustento y dignificación, no un recurso de poder para explotar a otros. El trabajo es una posición especial dada por el Señor al hombre para distinguirlo y elevarlo sobre la creación.