Para generar bienestar y reconstruir el tejido social: ¿Cualquier tipo de familia basta? Al voltear a ver a los jóvenes menores de 25 años de edad se confirma la intuición. Según una encuesta elaborada en septiembre del 2010 por el periódico Reforma, el 89% calificó a la familia como muy importante, mientras que solo 25% respondió que el sexo tiene el mismo nivel de importancia. ¿Increíble? No tanto.
Cuando se analiza desde una perspectiva sociocultural, no es difícil deducir que cuando una persona tiene alguna necesidad recurre a su familia en busca de ayuda. Es decir, la familia es la red de protección social y de generación de bienestar por excelencia.
¿Cualquier tipo de familia puede generar el mismo nivel de bienestar existencial?
Existen evidencias estadísticas sociodemográficas disponibles en la literatura, de múltiples países de los cinco continentes, que demuestran sólidamente que dentro de la estructura familiar se genera mayor bienestar y se padece menos sufrimiento. Esto ocurre especialmente cuando se encuentran el padre y la madre presentes, y están responsablemente a cargo de la crianza de sus hijos. Un ejemplo de esto se puede encontrar en el Fourth National Abuse Incidence Study of Child and Neglect, NIS–4 (Sedlak, 2010 / Muestra: 16 875 casos) de los Estados Unidos. La probabilidad de algún tipo de abuso sexual a un niño aumenta ¡19 veces! cuando alguno de los padres cohabita con otro adulto distinto a aquel con quien procreó a su hijo.
Volteando la vista a nuestro país, según un estudio realizado por el Instituto Nacional de las Mujeres (Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares 2006. Muestra: 83 159 mujeres), cuando la pareja se encuentra casada por la ley civil y la de su religión, se presentan casos de violencia física en el 7.9% de los matrimonios; cuando los dos adultos cohabitan sin un compromiso y contrato matrimonial, se presentan casos de violencia física en el 14.5% de estas parejas, prácticamente el doble.
La conclusión de este breve análisis sociodemográfico puede resultar aleccionadora y nos permite ver que el tipo de estructura familiar importa, y mucho, a la hora de promover conductas socialmente valiosas que favorecen la construcción de comunidades sanas.
Si en verdad queremos apostarle a la reconstrucción del tejido social, esto solo se podrá realizar si sociedad y gobiernos le apostamos en serio a impulsar políticas públicas, leyes y programas sociales que protejan la conformación de matrimonios y familias sanas y funcionales. Cuando observo leyes como el “divorcio exprés” no puedo dejar de cuestionarme si quienes las impulsaron realmente tienen claro cómo se fortalece el bienestar y el desarrollo de una sociedad.