
// Por Bernardo Osorio
Consagrado del Regnum Christi Comunicador
El hombre está destinado a vivir en dos universos, dice Jean Moreaux en su libro Sentido cristiano del hombre. Los griegos también creían esto e iniciaron la actividad deportiva organizada como un acto de culto a los dioses. Tenían la intuición de que esa excelencia en el desempeño del cuerpo y el espíritu los acercaría a ese mundo de deidades al que se sentían profundamente llamados.
Creo que nosotros hemos roto esta conexión entre deporte y crecimiento espiritual acon- sejada por la Iglesia –particularmente por San Pablo y por el Beato Juan Pablo II– al no iluminarla desde la fe católica. Con ello, estamos dejando escapar de nuestras manos una extraordinaria oportunidad de demostrar cómo lo católico –Cristo– ilumina y da sen- tido a todas las realidades del hombre.
Posibles causas
Las razones pueden ser muchas, pero yo solo me ocupo de dos para no desviarme del propósito de este artículo. Me gustaría, además, que hagamos ese análisis y al mismo tiempo realizar un ejercicio de ca- tolicidad y así constatar lo que dicho.
Uno de los posibles motivos es que hemos concedi- do el rasgo de sagrado a cosas que no lo son –entre ellas el deporte– y que no merecen ese trato. Y al mis- mo tiempo hemos desacralizado lo verdaderamente sagrado. La defensa que hacemos de nuestro equi- po contrasta con la poca defensa que hacemos de nuestra fe. La perseverancia con la que entrenamos hasta el límite no tiene nada que ver con los pretex- tos que ponemos al momento de ir a misa. Nunca he escuchado a nadie decir, ante la falta cometida por un deportista de usar sustancias prohibidas, que debe- ríamos permitir su uso generalizado. Todo lo contrario, se busca reforzar las medidas y aumentar las penas con tal de que el ideal deportivo se mantenga alto. Sin embargo, ante la falta cometida por algún ministro de culto o alguien abiertamente católico, somos muy fá- ciles a cuestionar a la institución y pedir que sea la Iglesia la que baje las exigencias, en lugar de aceptar la norma (que no está para otra cosa que para con- figurarnos con Cristo). En fin, que esta deformación y desjerarquizacion de la vocación del hombre a lo sagrado, nos ha polarizado y le hemos declarado la guerra al deporte.
Otro de los motivos es la idea que nos hemos permitido esparcir de que el cristiano es enemigo de lo temporal. Al abandonar y despreciar lo temporal, atrofiamos una realidad: la de que solo una verdadera actitud cristiana permite abarcar y salvar todo lo temporal. Nuevamente el deporte es nuestro enemigo o, en el menos malo de los casos, estamos dejando pasar una extraordinaria oportunidad para llevar a cabo un ejercicio de catoli- cidad –tomarlo todo e iluminarlo todo– y de formación de la espiritualidad. En la medida en que la persona se toma más en serio el deporte más se genera esta división si no sabemos cómo abordarlo.
El deporte
Veamos ahora cómo podemos iluminar el deporte. Tampoco seremos exhaustivos, pero espero que sí lo suficiente como para dejar la inquietud de seguir profundizando.
La práctica del deporte requiere invariablemente de una doble actitud inseparable y consecuente: la de negarse a sí mismo –entrenamiento, alimentación, competencia– y la realidad de que esta abnegación produce casi invariablemente algo bueno. El paso previo a la medalla o a una mejor marca es la abne- gación. Y es que el deporte hace el cuerpo dócil al espíritu. Todas aquellas cosas de las que se abstie- ne el atleta que va por la corona, son precisamente aquellas que el cuerpo prefiere. En el deporte, como en el crecimiento espiritual, el enemigo a vencer es uno mismo.
¿Es esta una imitación de Cristo? A mí me parece que sí, pero hay que darle intencionalidad. Hay que explicarle al deportista que en el fondo quiere dar más, ser más veloz y saltar más alto por ese rasgo de divinidad que nos otorga Dios desde la Creación al hacernos a su imagen y semejanza, confirmada por Cristo con su encarnación y sostenida con la acción del Espíritu Santo. Son reminiscencias de la verdadera patria a la que estamos destinados; en fin, don por el que tenemos que optar. La abne- gación, el morir en la cruz para el cristiano es la ley para resucitar con un cuerpo glorioso.
San Pablo, en su carta a los Corintios (1 COR 9, 24-27), usa al deporte para hacer una comparación entre el deportista y el cristiano. La comparación es muy ilustrativa, pero puntualiza que aun cuando ambos compiten por una corona, la del deportis- ta es solo para el ganador y es corruptible; la del católico es un premio para todos, y además inco- rruptible. No es una bifurcación, es más bien que la actitud del cristiano engloba a la del deportista.
Medios concretos
En general, y para incrementar el amor a lo temporal, tenemos que formar en nosotros y en la gente que nos rodea un amor positivo a la creación, es decir, aceptar la crea- ción con acción de gracias y como parte de la redención de Cristo. También un amor orientado, que es aquel que, teniendo en cuenta que nos podemos desviar fácilmente, dediquemos reflexión y esfuerzo a regresar al camino correcto. Los retiros frecuentes, una vida de oración y sacramental activa y profunda, los balances al final del día son al- gunos de tantos medios que nos pueden ayudar. Por último, debemos formar un amor redentor que nos impida caer en la idolatría. ¿Qué conviene en este caso? En primer lugar, y a pesar de que estamos trabajando el amor a lo temporal, el sacrificio de lo temporal, cuando sea necesario, sería lo primero, además de una actitud de imitación de Cristo-Redentor que luchó contra el mal, pero que potenció el bien.
Con todo, la ley o norma más importante para nosotros los católicos es Cristo. Una persona divina y humana que al encarnarse apreció la realidad corpórea y espiritual del hombre, y con sus constantes manifestaciones de amor a la creación se convierte en nuestra referencia absoluta.
Hablando concretamente de la actividad atlética:
1. Es necesario imprimirle intencionalidad a nuestra actividad deportiva y ordenarla según lo que hemos comentado.
2. Combata la idolatría en cualquiera de sus for- mas, culto a un equipo, a un deporte o al propio cuerpo. Cuando sea posible, hay que hacer depor- tes de temporada para buscar ser más un atleta que un adorador de un deporte. También puedes mostrar este video a tus hijos o deportistas donde jugadores profesionales de béisbol hablan sobre su fe. http://www.championsoffaith.com/home.asp
3. Nunca permitir que la práctica del deporte in- terfiera con la práctica religiosa. El material en esta página puede ayudar a entender cómo deportistas de alto rendimiento han logrado usar su prestigio para hablar de su fe: http://www.catholicathletesforchrist.com/
4. Si se es un deportista de alto rendimiento o se está preparando para una competencia, el manual de oraciones del deportista recopilado por el Dr. To- más Bolaño es una muy buena opción. http://teologiadeldeporte.blogspot.com/2009/08/ oraciones-del-deportista.html
5. En la medida de lo
posible, hay que permitir a los hijos buscar el deporte para el que están hechos. Hay que ayudarlos a pasar por la experiencia de que hacer la voluntad de Dios implicará una combinación de algo que atrae al mismo tiempo que costará trabajo.
6. No enfocarse solo en ganar, sino en todo el proceso de vencerse a uno mismo. Hay que evitar usar las frases motivacionales donde el ganar es lo único que importa.
7. Aun cuando no se tengan demasiadas habili- dades para competir, hay que impulsar la práctica del deporte como un medio para salir de la zona de confort y entrar en zona de aprendizaje.
8. Averigua si tu entrenador ha recibido algún tipo de formación que le permita hacer del deporte un medio pa
ra trabajar las virtudes. En esta página po- drás encontrar una muy buena opción: http://www. redmision.org/mexico/programas/sportsleader/
No me queda más que animarte a que ha- gas un esfuerzo por iluminar tu vida cotidiana a la luz de la fe católica. Descubre cómo la Iglesia de verdad puede dar respuesta a todos los interrogantes del hombre. Vivir un catolicismo de manera in- tegral es una de las grandes as- piraciones del hombre. Y el deporte, una excelente
herramienta.